En la edad madura la piel comienza a aflojarse, a volverse flácida y a arrugarse. Otros signos son la falta de brillo, el color cetrino, la pigmentación irregular y las arrugas. La piel es nuestra primera línea de defensa contra bacterias, radiaciones ultravioleta, contaminantes y humo — y también es vulnerable a nuestro ambiente interno, tanto emocional como nutricional.
El envejecimiento de la piel está conectado con el ambiente exterior e interior del cuerpo y no solo se debe a la edad cronológica. Las mujeres felices y satisfechas con su vida emanan un brillo inconfundible que ningún cosmético puede crear.
Las arrugas se producen por la descomposición de las fibras de elastina y colágeno. Al daño causado por los radicales libres se llama estrés oxidante — y podemos combatirlo con antioxidantes, evitando toxinas y manteniendo el equilibrio emocional.
